Sus ceremonias de ritual del útero, sus círculos de mujeres y sus espacios de conexión que integran instrumentos chamánicos, cuencos de cristal y el poder del cacao ceremonial. Durante tres años, Egipto se convirtió en su escuela iniciática. De la mano de Matías De Stefano, Carolina aprendió a vincularse con la energía viva de esas tierras y a reconocer en sus templos los códigos que resguardan la memoria del alma. Hoy, su propósito es acompañar a otras mujeres en el retorno a esa sabiduría interna, sosteniendo el viaje como un camino sagrado de recuerdo y apertura del corazón. Para Carolina, Egipto no es un destino, sino un portal de transformación, un espacio donde cada paso despierta la memoria de lo femenino sagrado y la unión con la divinidad interior.